reseña

Dientes de dragón (Michael Crichton)

lunes, enero 14, 2019

Título: Dientes de dragón| Autor: Michael Crichton Saga: Autoconclusivo | Editorial: Plaza&Janés | EncuadernaciónTapa blanda con solapas | Páginas: 320 páginas | ISBN9788401021008 | Precio18,90 euros

1876. Tribus de indios en pie de guerra asolan los territorios del oeste de Estados Unidos. A este paisaje primitivo y hostil llegan las expediciones dirigidas por dos paleontólogos rivales en busca de fósiles de dinosaurios. 

William Johnson, un universitario rico y consentido, se incorpora al grupo de Othniel Charles Marsh, pero cuando este sospecha de sus intenciones y le abandona, William se une a su archienemigo, Edward Drinker Cope. Ignora que está a punto de hacer un descubrimiento histórico que deberá defender de los personajes más peligrosos del Salvaje Oeste. 


A partir de un suceso real, Crichton alumbra un período histórico tan olvidado como fascinante en un nuevo thriller paleontológico destinado a convertirse en un clásico a la altura de sus éxitos más memorables.


Siempre he querido leer Jurasic Park y El Mundo Perdido, de Michael Crichton, pero nunca encontraba el momento, bien porque los libros estaban descatalogados, bien porque la pila de lecturas pendientes no paraba de crecer, así que cuando supe que sacaban un nuevo libro del autor que estaba relacionado con dinosaurios, vi la oportunidad perfecta para probar al autor antes de sumergirme en los otros libros.

Michael Chritchon empieza Dientes de dragón hablando de dos fotografías del estudiante William Johnson separadas, tan solo, por un año. El cambio físico en Johnson es más que evidente entre ambas instantáneas, por lo que esta novela pretende desvelar la historia que hay entre ambas imágenes.

La premisa de la que parte el autor es muy interesante y ya desde el primer momento logra capturar la atención del lector. De esta forma nos presenta la guerra de huesos que tiene lugar entre dos prestigiosos paleontólogos que solo buscan la gloria. Johnson se ve envuelto en esa lucha sin darse cuenta.


Charles Marsh y Edward Drinler Cope luchan en medio del viejo oeste de los Estados Unidos para hacerse con la mayor cantidad de fósiles de dinosaurios. Para ganar emplearán todos los recursos que tengan a mano. Así avanza un trama que nada entre la ficción y los hechos históricos, pues algunos personajes de la obra fueron reales.

El autor combina, en Dientes de dragón, la realidad y la ficción, por lo que estamos ante una obra que no quiere ser histórica, pero tampoco ficción. Y creo que ese es el gran fallo del libro, puesto que busca ser un poco de ambas cosas y termina siendo algo indefinido que se pierde entre las páginas.

La novela parte de un argumento muy interesante, sin embargo, se vuelve tediosa a medida que avanza. Por un lado, los diálogos, hilarantes en su mayoría, sacan al lector de la historia constantemente porque da la sensación de que no son conversaciones naturales, por muy extravagantes que sean los paleontólogos.



El autor no solo utiliza el diario del protagonista para pasar de puntillas por algunos hechos, sino que ha habido momentos en los que narraba la historia de un personaje más que secundario como si fuera un artículo de Wikipedia. Michael cae en el llamado infodumping (exceso de información) y mete datos que ha encontrado durante el proceso de documentación sin que la trama o la historia lo pida.

Marsh y Cope, junto con Johnson, son los personajes que tienen mayor protagonismo en la obra. No obstante, el que termina posicionándose por encima de los demás es, sin duda, Johnson. A partir de la tercera parte toma el control y la historia da una vuelta de ciento ochenta grados, como si lo anterior no fuera más que el aperitivo a pesar de ser, prácticamente, el setenta por ciento de la historia.

Michael utiliza pedazos del diario de Johnson para contar algunas partes de la historia que, lejos de convertirse en un recurso valioso, acaban siendo descritas de forma escueta y simple. Los sucesos más emocionantes pasan sin pena ni gloria en forma de escritos. Por lo que, en vez de meternos en la historia y vivir en nuestras propias carnes lo que vivió Johnson, nos lo muestra con pedazos de diario que quitan emoción y nos alejan de la trama.


El autor juega con capítulos cortos y una narración ágil para atrapar al lector y que este devore el libro, pero, en mi caso, sucedió lo contrario. Cuanto más me adentraba en el salvaje oeste que nos presentaba el escritor, más me costaba seguir leyendo, pues la trama avanza haciendo uso de algunos deux ex machinas. Incluso en la tercera parte, la que más me gustó, utiliza este recurso.

La ambientación es, sin duda, uno de los pocos puntos fuertes de Dientes de dragón, ya que nos presenta el oeste estadounidense del siglo XIX, un oeste sometido a los conflictos entre los indios nativos y los colonizadores.

La novela está dividida en varias partes: la introducción, la búsqueda y el regreso. De todas ellas, la única que me consiguió atrapar de verdad fue la del regreso, pues la narración se transforma y la historia atrapa. Estuve a punto de abandonar el libro en más de una ocasión, pero me alegro de no haberlo hecho porque la tercera parte, aunque no es sublime, supera con creces las anteriores.

Lo que sí tengo que aplaudir es la creación de cierto personaje porque hasta que no llegué a las notas explicativas, no supe que no era real. Aunque su evolución va a marchas forzadas porque toda la obra parece moverse por la prisa, el autor lo trabaja tanto que consigue hacer creer al lector que también fue real.

PUNTUACIÓN (SOBRE 10)

Lo que se presentaba como un thriller paleontológico con acción y mucha intriga, ha acabado siendo una historia extraña, llena de diálogos forzados e infodumping que sacan constantemente de la lectura.

Dientes de dragón podía haber sido una novela muy interesante, así lo demuestra esa tercera parte llena de duelos, intriga y acción, pero se ha quedado en un "quiero, pero no puedo".


Gracias a Penguin por el ejemplar.

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